En las últimas semanas, en el municipio San Gregorio de Nigua, provincia San Cristóbal —como en tantas otras comunidades del país— la noche ha dejado de ser sinónimo de descanso. Las madrugadas se han convertido en calabozos de calor: verdaderos saunas a cielo abierto.
A diario, cuando el reloj marca entre las 8:00 y las 11:00 de la noche , la energía eléctrica desaparece sin previo aviso , o con la misma desfachatez con que se ha marchado tantas veces.
En un solo día, la luz se comporta como un arbolito de Navidad : se va hasta siete veces . Hay que correr a desconectar los electrodomésticos, porque si no los cuidas, Edesur no los repondrá; al contrario, te enviará la factura como si nada.
El domingo 17 de agosto, a las 6:00 de la tarde, la electricidad ya se había ido seis veces . Regresó, pero a las 9:00 de la noche volvió a marcharse. A la 1:00 de la madrugada todavía estaba ausente , y la familia seguía en vela, bañada en sudor, esperando un respiro para poder dormir.
En muchos sectores de la provincia, los apagones se han convertido en compañeros indeseables de la rutina. No es solo este servidora quien los padece: también niños , adultos mayores y comunidades enteras obligadas a vivir a oscuras .